Los principios fundamentales que aplicamos con cada uno de nuestros clientes.
Principio clave
Incrementa gradualmente el peso, las repeticiones o las series semana a semana. El cuerpo se adapta al estrés que le impones: si ese estrés no crece, la adaptación se detiene. Sin progresión no hay mejora, independientemente del esfuerzo percibido.
El estímulo ocurre en el gimnasio, pero la adaptación ocurre mientras duermes. Dormir entre 7 y 9 horas por noche es parte estructural del entrenamiento.
Apunta a entre 1,6 y 2,2 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal al día, repartidos en 3 o 4 comidas.
Tres sesiones semanales durante 52 semanas son 156 entrenamientos. Una semana brutal no compensa seis meses de irregularidad.
Una deshidratación del 2% puede reducir el rendimiento físico de forma notable. Bebe unos 35 ml por kilo de peso al día y más los días intensos.
Diez repeticiones con técnica perfecta producen más adaptación que veinte descuidadas, y protegen tus articulaciones.
El volumen óptimo es el mínimo necesario para generar adaptación. Sin recuperación adecuada llega el sobreentrenamiento.
Bien programado y con suficiente proteína, el cardio complementa la fuerza y mejora la recuperación entre series.
Diez minutos de preparación articular y activación muscular reducen el riesgo de lesión y mejoran el rendimiento.
Registra pesos, repeticiones y sensaciones en cada sesión. Así tomas decisiones con datos reales.
El cuerpo que tienes hoy es el resultado de las decisiones de ayer. El que tendrás mañana depende de las decisiones que tomes hoy.
No necesitas el gimnasio perfecto ni el momento perfecto. El primer paso es el más importante.
Los resultados no llegan de la noche a la mañana. Cada sesión suma.
Entrenar con energía es fácil. Hacerlo cuando estás cansado es donde se construye el carácter.